Llega el frío, la lluvia, la nieve… Es extraño lo imprescindible y necesario que es para nuestra naturaleza y lo mucho que deseamos que termine cuanto antes (salvando a tantos que gusta y apasiona). Pero como todo, siempre existe algún bien que resuelva nuestros pequeños males. Con poco más que una manta, una chimenea (para quien tenga el placer de disfrutar de una) y un buen libro, podemos hacer de una tarde fría y desapacible algo inmejorable. Sí, la cultura también pasa por las mantas. 

¿Cuántos no hemos disfrutado de dejarnos enredar por esa apegada pereza de manta, mientras lees ese libro que te evade de todo tu alrededor? Si te gusta, es tu momento. Cientos de escritores buscan ahora que escojas sus páginas para compartir contigo ese momento. Cientos de horas de trabajo que esperan a ser desmenuzadas entre palabra y palabra, resonando en tu mente mientras sostienes la esquina de la próxima hoja entre tu pulgar e índice. Miles de palabras que esperan formar esa historia que, como si de un castillo se tratara, posa piedra sobre piedra dándole una forma que solo desde una perspectiva final podrás ver. Una historia que, llegada a su final, siempre te deja esa sensación de “ojalá no hubiera terminado nunca”. No muchos lo consiguen, pero si lo hacen, tienen su hueco ganado por siempre…

Sí, es época de acurrucarse, señoras y señores. Es por ello que no descansamos para que podáis disfrutar de esos pequeños momentos. Cientos de horas trabajadas por un autor que acude a diario a su cafetería favorita a ingeniarse la forma de enredar esa historia para deshacer después la madeja. Cientos de horas trabajadas por el editor y sus componentes, para ensamblar ese libro diseñado para que acabe entre tus manos, porque te ha llamado la atención por su portada, por su historia, por su ángel… Cientos de horas trabajadas por el librero que escoge entre cientos de miles de libros para ponerlo delante de ti, a tu suerte, a tu elección… ¡Qué manta tan merecida! ¡Qué libro tan merecido! 

¿Y tú? ¿Tienes ya tu manta?